I
La morada más destructiva es aquella en donde sin manos el fuego se extingue, con frases adulantes se aniquila cualquier anhelo de salir, sólo queda la resignación que te apega a ese hogar: oscuro, tenebroso, solitario; ahí se come dolor y se respira un aroma mortuorio, que se adentra en la aflicción fortaleciendo al imán que adhiere a los sentires lo prohibido. Así comienza el ocaso del amor.
II
Andaba sollozando en pasillos llenos que me parecen vacios; caprichosos deseos de mirar al final del pasillo, iniciando mi andar en el punto donde termina lo hermoso del recuerdo. Y es un fantasma el que recorre a la UABC, es hermoso y sutil; despierta a los instintos más salvajes. Ya no recogí los desechos de sus pasos ¡qué tristes son sus pasos sin mis lágrimas! Ya no hay pensamientos que pensar, ya son sueños los conflictos de mis deseos.



